En dicha Academia se graduó de mecanografía y teneduría
de libros. A inicios de 1951 comenzó a trabajar en la tienda
de La Casa Cabrera donde lo sorprende el zarpazo del 10 de marzo
del 1952.
Este cuartelazo causó un enorme impacto en Ciro, quien
se unió a otros jóvenes para conspirar contra el
régimen opresor. Se preparó junto a ellos para enfrentarlos,
haciendo gala de una total discreción; tal fue así
que su participación en el Moncada no se conoció
hasta realizado el acontecimiento.
Su actuación en aquella acción fue valiente y decidida.
Al recibir la orden de retirada pudo salir de Santiago junto a
otros cinco compañeros entre los cuales estaban Julio
Díaz y Marcos
Martí. Llegaron hasta las cercanías de la playa
Siboney en un jeep que los dejó cerca de la casa de la
familia Prada, quien los ayudó y luego tomaron cada uno
por un rumbo distinto. Él, junto a Marcos Martí
siguió por el camino. Más adelante fueron interceptados
por un niño de catorce años a quien apodaban Turín.
La familia los escondió en la cueva del Muerto donde permanecieron
cuatro días. Allí fueron proveídos de alimentos
por la familia a través del muchacho; pero fueron delatados
por un chivato nombrado Carburo, lo que provocó la detención
de ambos jóvenes. Cuando eran trasladados por la carretera
Marcos fue asesinado por la espalda y Ciro golpeado. Este logró
salvar la vida gracias a uno de los guardias que no permitió
que fuera ultimado allí.
Ya sometido a juicio fue condenado a diez años de prisión.
De estos solo cumplió veintidós meses al acogerse
a la amnistía el 16 de mayo de 1955.
A principios de 1956 fue detenido bajo la acusación de
repartir los primeros manifiestos que llamaban de nuevo a la lucha.
Por esta causa estuvo 32 días en el presidio para luego
salir con libertad provisional, pero antes fue llevado al SIM
donde fue fichado al tomársele varias fotos. Le fue prohibido
entonces, regresar a su casa.
Luego vio su familia en varias oportunidades en La Habana hasta
que el 20 de marzo del 1956 embarcó en el vapor Covadonga
rumbo a México. Allí se reunió e incorporó
junto a Fidel y otros compañeros en los preparativos de
la expedición del Granma.
En junio de ese mismo año fue detenido en México
junto con la dirección del Movimiento 26 de Julio por lo
que pasó varios días en la cárcel. Después
de ser liberados continuaron en los preparativos, hasta que el
26 de noviembre partieron de Tuxpan en el Granma hacia Cuba.
Ciro estuvo entre los 82 hombres que desembarcaron en la playa
Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956 y fue uno de los que después
de la sorpresa de "Alegría de Pío" en
que fueron dispersos presos y muertos muchos de ellos se reunió
con Fidel y otros compañeros para continuar la lucha. Ya
en la Sierra, Ciro creó un silbido para identificarse.
Su actuación allí fue valiente y arrestada. En aquel
escenario de guerra tomó participación en los siguientes
combates: Arroyo del infierno, 22 de enero de 1957; en La sorpresa
de Altos de Espinosa, el día 9 de febrero; en el ataque
a Bueycito, el día 31 de julio; en el combate del Hombrito,
en agosto 30; en el de Pino del agua, el 20 de septiembre y finalmente
el 29 de noviembre del 57 murió en el combate de Mar Verde
cargando impetuosamente contra las líneas del asesino Sánchez
Mosquera.
El día posterior a su caída, la Comandancia General
de las fuerzas Revolucionarias en la Sierra Maestra promulgó
el siguiente decreto: "El comandante General del Ejército
Revolucionario, en su carácter de tal considerando las
virtudes, de valor, disciplina y capacidad de mando del capitán
Ciro Redondo García, y su heroica muerte en combate, ocurrida
el 29 de noviembre de 1957, decreta:
Su ascenso póstumo al grado de Comandante del Ejército
Revolucionario que marca el primer aniversario de la gesta libertadora."
El día 9 de diciembre llegó a los padres la carta
donde se informaba su muerte, en esa fecha cumplía 26 años.
Hoy su pueblo le rinde homenaje en el Mausoleo a los Mártires
de Artemisa.