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Antonio Betancourt Flores
Nació en Artemisa el 13 de junio de 1933, en la Finca
Menéndez, fue el tercero de ocho hijos. Sus padres
Sergio Betancourt y Asunción Flores, se trasladaron
para la finca Santa Teresa en Artemisa. Matriculó en
la escuela primaria Monseñor González Arocha
donde cursó hasta el tercer grado, pues la necesidad
de ayudar a la familia le hizo abandonar los estudios y comenzar
a trabajar como mandadero. Tenía entonces siete años
de edad y le pagaban una peseta a la semana.
Posteriormente se mudaron para la Finca Santa Rosa, cerca
de Puerta de la Güira y por último para una humilde
casa en la esquina de Narciso López y calle 19, donde
viviera Antonio hasta su partida para el Moncada.
Desde
niño fue callado y serio, le gustaban poco las fiestas
y se preocupaba por los problemas políticos de su patria.
Durante la adolescencia comenzó a trabajar en el almacén
de Carvajal, donde separaba cebollas. Más tarde, a
los 16 años, trabajó como estibador en el mismo
centro de trabajo, donde tuvo que cargar sacos de más
de 300 libras.
Fue
un activo militante de la Juventud Ortodoxa junto con Ramiro
Valdés, Pepe Suárez, Guillermo Granados, Vero
Rossell, Tomás Álvarez Breto y otros compañeros
que participaron después en el ataque al Moncada.
El
golpe traidor del 10 de marzo fue un impacto para Antonio
que repetía:"Esto no se puede soportar, es necesario
hacer algo y rápido para acabar con Batista y su gente."
En
1953 desaparecía durante horas de su casa. Salía
con el pretexto de ir a jugar pelota u otra excusa, pero en
realidad iba a realizar prácticas de tiro. En el mes
de julio de 1953 anunció a su familia que iría
a Las Villas a hacer un negocio de ganado y dijo: "Este
negocio conviene mucho a todos", y recalcó a su
hermano: "Atiende bien la carnicería y cuida la
matanza si no estoy aquí los próximos días".
El
viernes 24 de julio se levantó muy temprano, le pidió
al hermano que le entregara un pantalón y un pulóver
de puntos, el reloj y la cadena. A cambio le dejó su
ropa. Ese mismo día por la mañana invitó
a su hermano a tomar una cerveza, lo cual le extrañó
mucho, puesto que Antonio no tomaba y no le gustaba que él
lo hiciera.
En
la misma mañana del 24 de julio, Antonio Betancourt
se dirigió a la esquina de Martí y Maceo donde
lo esperaba un grupo de jóvenes para partir hacia La
Habana y continuar hacia Santiago de Cuba.
El
26 de julio cayó gloriosamente combatiendo en el Moncada.
En 1959 su madre se encargó de traer el cadáver
de su hijo a su pueblo natal, donde se le rindió un
merecido homenaje y honores militares los días 17 y
18 de octubre de 1959, acompañándolo hasta el
cementerio local. Hoy sus restos se encuentran en el Mausoleo
a los Mártires de Artemisa.
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