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Una corta pero fructífera vida
Nacido
en Artemisa el 13 de marzo de 1925, Ramón Mordoche
Miranda pasó su niñez como la de todo negro
y pobre, sin otro porvenir que la modesta escuela pública,
la miseria, simples ocupaciones o un oficio artesanal. El
medio social imperante y la condición económica
de su familia le impedían la superación cultural,
no obstante logró con muchos esfuerzos alcanzar el
sexto grado.
Parte
de su juventud la dedicó a ayudar a su familia con
el poco salario que percibía, y decimos parte de su
juventud porque la otra fue para el llamado de la Revolución,
luego del cuartelazo del 10 de marzo de 1952, para sumarse
a la batalla del pueblo y unirse a las filas del movimiento
26 de julio, en el cual cumplió encomiendas clandestinas.
Por
su actitud rebelde y de acción fue detenido por primera
vez en 1954 y otra en 1957 lo acusaron de conspirar contra
los poderes del estado. Al salir de prisión en 1958
lo detienen nuevamente y es conducido al Servicio de Inteligencia
Militar (SIM), después de humillaciones y vejámenes
lo dejan en libertad. Sus principios revolucionarios lo hacen
continuar con sus acciones clandestinas en el movimiento 26
de julio.
En
los días finales de octubre de 1958 sufre su detención
definitiva y es encerrado en el cuartel militar de Artemisa,
hoy convertido en el centro escolar Carlos Rodríguez
Careaga.
Estando
encerrado en el cuartel artemiseño, el recién
nombrado jefe militar Jacinto Menocal ordena su traslado para
la capitanía, que en aquella época estaba en
San Cristóbal.
Al
frustrarse un atentado contra este asesino, los sicarios realizaron
una cruel represalia contra los presos en ese cuartel entre
los que se encontraba Ramón Mordoche, quien recibió
una bestial golpiza a las nueve de la noche y dos horas después
fallece.
La
corta y fructífera vida de Mordoche estuvo inmersa
en las luchas de nuestro pueblo por su libertad y soberanía,
su ejemplo y valentía perduran por siempre en este
pueblo de Artemisa por que como dijera nuestro José
Martí cuando se muere en brazos de la patria agradecida,
la muerte acaba, la prisión se rompe, comienza, al
fin, con el morir, la vida.
Por
Susana
Rodríguez (13/04/09 10:00 a.m. hora local)
email: rdigital@cmad.icrt.cu
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