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Fusilamiento de los estudiantes de medicina
El 27 de noviembre de 1871 la muerte
vistió de luto a la familia cubana, ocho jóvenes
de Medicina fueron fusilados sin que hubiera sido probada
la acusación que les imputaron las autoridades españolas
de la Isla.
Ciento treinta y seis años después
de aquel abominable crimen el pueblo cubano siente como el
primer día la muerte injusta de aquellos ocho jóvenes
inocentes, tres de los cuales fueron escogidos al azar con
el fin de saciar las ansias de venganzas de los voluntarios
españoles destacados en La Habana.
El siguiente relato para algunos vendría
a ser un modo de recordar aquellos sucesos; para otros será
la oportunidad de conocer lo que significó el aparato
colonial español en Cuba; estos son los hechos:
“Era la tarde del jueves 23 de
noviembre de 1871, los alumnos de primer año de Medicina
de la Universidad de La Habana esperaban en el anfiteatro
anatómico la llegada del profesor; al no concurrir
este a la clase, vagaron por el Cementerio de Espada, colindante
con el anfiteatro por la actual calle de Aramburu. Uno tomó
una flor y otros hicieron rodar por la plaza el carro que
se utilizaba para conducir los cadáveres. No sucedió
nada más.
Posteriormente el gobernador político
haciéndose acompañar por un agente armado se
presentó en el aula de segundo año de Anatomía
con la intención de encarcelar a sus estudiantes, los
cuales habían sido acusados de rayar el cristal del
nicho de la tumba del reaccionario periodista español
Gonzalo Castañon quien había resultado muerto
en Cayo Hueso en duelo con un patriota cubano.
La valiente actitud del profesor Sánchez
Bustamante impidió que sus alumnos fueran llevados
a la cárcel; sin embargo en el aula de primer año
el gobernador no encontró la misma resistencia y en
consecuencia fueron arrestados cuarenta y cinco jóvenes
y conducidos por toda la calle de San Lázaro hasta
Prado número 1 donde se encontraba la prisión.
Aunque no existían pruebas para
la acusación los estudiantes sometidos a juicio fueron
condenados a penas de cárcel, pero no era esto lo que
esperaban los voluntarios españoles que a gritos en
la calle reclamaban la sangre de los acusados.
Las autoridades españolas, impotentes
ante esta turba frenética y temerosa de su poder, accedieron
a realizar un nuevo juicio. Este dio como resultado que más
de treinta estudiantes fueran condenados a prisión
y ocho a pena de muerte; a continuación aparecerán
sus nombres y la edad que tenían al morir:
1
-José de Marcos y Medina – 20 años.
2 -Anacleto Bermúdez y González de Piñera
– 20 años.
3 -Ángel Laborde Perera – 17 años.
4 -Alonso Álvarez de la Campa – 16 años.
5 -Pascual Rodríguez Alfonso – 17 años.
6 -Eladio González Toledo – 20 años.
7 -Carlos Augusto de la Torre y Madrigal – 20 años.
8 -Carlos Verdugo Martínez – 17 años.
Para que se tenga en cuenta la pérfida
de este crimen hasta decirle al lector que los tres últimos
jóvenes de esta relación fueron escogidos al
azar y el último, no se encontraba en La Habana el
día en que ocurrieron los supuestos hechos.
Justo es destacar en este escrito la
valiente y cabal defensa del capitán español
Federico Capdevila que actuó como abogado por la parte
incriminada.
Pongo a disposición de los lectores
algunos de los fragmentos del alegato pronunciado por Federico
Capdevila en el cual critica con energía la injusta
acusación:
…”Mi obligación
como español, mi sagrado deber como defensor, mi honra
como caballero, y mi pundonor como oficial es proteger y amparar
al inocente y los son mis cuarenta y cinco defendidos (…)
¿Puede llamárseles, juzgárseles como
a hombres a los catorce, dieciséis o dieciochos años,
pocos más o menos. No? (…) ¿dónde
esta la acusación? ¿Dónde consta el delito
que se les incrimina y supone? (…) Creo que estoy firmemente
convencido de que solo germina en la imaginación obtusa
que fermenta en la embriaguez de un pequeño grupo de
sediciosos”.
El fusilamiento se llevo a cabo en
los terrenos del Castillo de la Punta y fue afrontado por
los ocho jóvenes cubanos con la entereza digna de su
cubanía, con la frente en alto, propia de los héroes.
Aquel crimen vengativo y cruel supuso
una medida del poder colonial español en Cuba encaminada
a aterrorizar a los estudiantes y contener la corriente de
rebeldía política del pueblo cubano, pero resultó
un catalizador que ayudó grandemente al desarrollo
de una conciencia colectiva nacional liberadora”.
Compruebe
ahora, distinguido lector, la falsedad de los argumentos esgrimidos
para segar la vida de ocho estudiantes inocentes:
“Años después de
los acontecimientos del 28 de noviembre de 1871 el hijo del
periodista Gonzalo de Castañón, reconoció
públicamente que el sepulcro de su padre no tenía
señales de haber sido abierto, ni profanado”.
Por tanto las acusaciones fueron falsas,
preparadas, urdidas; claro, así siempre han actuado
los viles cuando necesitan un pretexto; ejemplos posteriores
sobran.
Nota:
Entre los condenados a prisión por la causa de los
Estudiantes de Medicina se encontraba Fermín Valdés
Domínguez, amigo íntimo de José
Martí, y que había matriculado en la Universidad
de La Habana el 19 de octubre de 1871.
Jacinto
Padrón Mirabal
(27/11/07 11:00 am hora local)
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