Una
clínica de amor
No
siempre se cumplen tus sueños. Ella se embaraza y
ambos esperan al niño más lindo del mundo,
el más inteligente, el más sano. Pero la vida
burla tu anhelo, y nada puedes. No llega a ser el más
listo, ni alcanza a aspirar a convertirse en artista, abogado,
médico o deportista... a veces, ni siquiera habla.
Entonces, a los padres les crece el corazón y se
guardan sus lágrimas, aunque niños así
los sorprendan: al no conseguir comunicarse con ellos del
modo tradicional, ni acudir a las escuelas a las cuales
asiste el resto de los pequeños de su edad ni desenvolverse
solos.
Porque
es una prueba de cariño con recompensa incluida.
En el mundo de estos chicos existen códigos diferentes,
pero aun más conmovedores. Ellos tienen el poder
de transmitirte los mensajes más fantásticos,
sin necesidad de palabras.
Pocos
lo saben; por eso, la sociedad emprende su propio ritmo,
y los deja atrás, o quizás los echa a un lado.
Sin embargo, ciertas personas adivinan su capacidad de transformar
pesares en sonrisas, advierten que son como duendes con
un idioma propio: el de los sentimientos.
EL
SITIO ESCOGIDO
Una vez más, el Estado cubano ha probado su vocación
humanista: el municipio Artemisa, ubicado a 60 kilómetros
de la capital, fue uno de los sitios escogidos hace más
de un año para el nacimiento de un lugar donde los
trabajadores tienen acceso al mundo fabuloso de un grupo
de niños especiales.
El
17 de enero de 2004, el Comandante de la Revolución
Ramiro Valdés Menéndez inauguró el
Centro Psicopedagógico al que llamaron como el bello
poemario de José Martí: Ismaelillo.
Ernesto Aneiros fue designado como director. Gentilmente,
describe las características de la clínica.
"Somos 29 trabajadores, entre ellos: ocho niñeras,
dos defectólogas e igual cantidad de enfermeras.
También tenemos kineseoterapeuta, técnica
en fisioterapia y terapeuta ocupacional.
"Recibimos
semanalmente a un grupo de médicos que dan consultas:
psicóloga, logopeda, fisiatras... y contamos, además,
con cocinera y auxiliar de cocina, pantrista, almacenero
y administrador.
"El
propósito de todos consiste en mejorar la calidad
de vida de 11 niños que padecen retraso mental de
severo a profundo y sufren discapacidades motoras.
Aunque
muchos no lo crean, sí aprenden; lo primero, a relacionarse
con los demás".
ALGO ESPECIAL
Ya lo observaba Vicky, con palabras del cantautor Silvio
Rodríguez: "solo el amor engendra la maravilla".
Victoria Acosta disfruta su oficio. Se responsabiliza del
equipo de nanas. "Es un trabajo precioso; te enseña
y ayuda a explorar mundos desconocidos.
Nuestros niños no son esos pobrecitos que piensa
la gente, sino unas personitas fabulosas que responden favorablemente
a cuanto hacemos con ellos."Atendemos su higiene completamente.
Se orinan, babean y hacen caca; nosotros los mantenemos
limpios, les damos merienda y almuerzo, practicamos las
habilidades que aprenden como parte del tratamiento. "Lo
hacemos con mucho amor. Todos los días sucede algo
especial.
Una sonrisa de Adriana, al comenzar la jornada, es como
si en ese momento saliera el Sol. Pero aquella vez que Alfre
dio sus primeros pasos fue extraordinario. A algunos se
les saltaron lágrimas de los ojos".
Cuenta
Vicky que las nanas recibieron un seminario sobre las patologías
de esos niños, con nociones de psicología,
sobre cómo tratarlos, técnicas de alimentación
y primeros auxilios, orientado por la psicóloga del
centro.
PEQUEÑOS DETALLES
"Arturito no podía ver a Alfre -relata Aneiros.
Le tenía miedo. Gritaba y se mandaba a correr. En
este momento es de los que más socialización
ha logrado. Eso fue posible con la labor de las nanas y
los técnicos.
"Aquí todos los niños son una maravilla.
Trabajar con ellos es muy lindo. Alfre, por ejemplo, viene
a ser como el subdirector de la clínica: al que llega
tarde le hace una señal mirando el reloj"
.Esta
profesión resulta tremendamente instructiva, asegura
la nana Mariela. "A medida que nos relacionamos con
los muchachos aprendemos cosas nuevas. Me siento muy feliz
de poder llegar a ellos y conocer sus pequeños detalles".
Eva
Margarita Noda se desempeñó antes como auxiliar
pedagógica en un círculo infantil, y confiesa
cuánto placer experimenta con estos chicos.
"Siento
gran admiración por ellos y satisfacción de
que logren cosas mediante nuestra enseñanza. "Idalsi,
la primera niña que yo cuidé, estuvo varios
días sin venir, enferma. Cuando regresó le
dio tanta alegría que me abrazó y llamó
'mi nana'. Eso me llegó al alma. ¿Y Rafael?
Llora el día en que no lo pueden traer a 'su escuelita'.
Teresa, la mamá, pensaba que no se iba a adaptar,
y ahora no se quiere ir. Se pasa el día dando besos.
Dice que yo soy su novia".
RUIDOS, OLORES, TAMAÑOS...
Zaimí Montalvo ha recibido una encomienda decisiva.
"Estas criaturas sufrieron una parálisis cerebral
que les ocasionó como secuela discapacidades motoras
(para caminar)", explica. Corresponde a ella dotarlos
de habilidades mediante ejercicios.
Y entre todos vencen: Alfredito ya camina; Adriana adopta
la posición de gateo y se incorpora desde el banquillo.
La terapeuta ocupacional, Andrea Josefina Guerra, menciona
otros avances: "Logramos que agarren objetos. Adriana
solo empleaba una mano, y ahora usa las dos", afirma
orgullosa.
Pero Fefita, que así la nombran todos, es, además,
la mamá de Alfre. "Tuve que abandonar mi trabajo
en Educación cuando se enfermó, para atenderlo.
Gracias a este centro, he podido reincorporarme laboralmente,
sentirme útil y que mi hijo continúe ganando
habilidades".
Zaimí Montalvo rehabilitando a Alfredito
Norelis Cruz también les brinda amor; Claudina Germán
sus conocimientos en atención de enfermería.
En logopedia se entrena el habla. Las defectólogas
enseñan a diferenciar ruidos, olores, tamaños
de los objetos...
COMO SI FUESEN SUS HIJOS
"Yo hablo en nombre mío y de mi esposo -dice
Marieta Oviedo. Nosotros nos sentimos orgullosos. La dirección
del centro y las nanas muestran tanta dedicación
como si los muchachos fuesen sus hijos, a la hora de la
comida, cuando se hacen pipi o caca. Yo lo aprecio como
madre.
"José
Carlos tiene 17 años. Hace cosas que no lograba antes.
Está muy cariñoso. El otro día estaba
escuchando un casete y me puso el brazo encima como para
bailar. Le pregunté a las nanas y me contestaron
que son cosas que hacen con él.
"Estoy
muy contenta. Le agradecemos mucho al Comandante en Jefe
Fidel Castro y a la Revolución, y al Comandante Ramiro
Valdés por el apoyo para terminar esta obra".
Dunia
Cruz es otra de las madres actualmente dichosas. Como psicóloga
ya tiene donde ubicar a los niños con retraso mental
y discapacidad física severa. Puede dedicarle tiempo
a su profesión, pues a su hija la atienden en la
clínica Ismaelillo.Allí reinan calidad humana
y deseos de hacer, desde el custodio hasta las auxiliares
de limpieza y cocineras. Faltan algunos medios físicos
para completar el tratamiento de los niños; mas,
confía en que con el celo que le ha puesto el Comandante
Ramiro, acabe de ponerse a punto."Estoy a la expectativa.
Adriana
se está saliendo de mi espacio. Ve otros rostros,
come otra comida que no elaboro yo, y se la dan otras manos.
Me ha enseñado que existe un mundo más allá
de las personas que hablan, porque me mira y no me dice
te quiero con palabras... pero me sonríe".
Una
clínica de amor
No
siempre se cumplen tus sueños. Ella se embaraza y
ambos esperan al niño más lindo del mundo,
el más inteligente, el más sano. Pero la vida
burla tu anhelo, y nada puedes. No llega a ser el más
listo, ni alcanza a aspirar a convertirse en artista, abogado,
médico o deportista... a veces, ni siquiera habla.
Entonces, a los padres les crece el corazón y se
guardan sus lágrimas, aunque niños así
los sorprendan: al no conseguir comunicarse con ellos del
modo tradicional, ni acudir a las escuelas a las cuales
asiste el resto de los pequeños de su edad ni desenvolverse
solos.
Porque
es una prueba de cariño con recompensa incluida.
En el mundo de estos chicos existen códigos diferentes,
pero aun más conmovedores. Ellos tienen el poder
de transmitirte los mensajes más fantásticos,
sin necesidad de palabras.
Pocos
lo saben; por eso, la sociedad emprende su propio ritmo,
y los deja atrás, o quizás los echa a un lado.
Sin embargo, ciertas personas adivinan su capacidad de transformar
pesares en sonrisas, advierten que son como duendes con
un idioma propio: el de los sentimientos.
EL
SITIO ESCOGIDO
Una vez más, el Estado cubano ha probado su vocación
humanista: el municipio Artemisa, ubicado a 60 kilómetros
de la capital, fue uno de los sitios escogidos hace más
de un año para el nacimiento de un lugar donde los
trabajadores tienen acceso al mundo fabuloso de un grupo
de niños especiales.
El
17 de enero de 2004, el Comandante de la Revolución
Ramiro Valdés Menéndez inauguró el
Centro Psicopedagógico al que llamaron como el bello
poemario de José Martí: Ismaelillo.
Ernesto Aneiros fue designado como director. Gentilmente,
describe las características de la clínica.
"Somos 29 trabajadores, entre ellos: ocho niñeras,
dos defectólogas e igual cantidad de enfermeras.
También tenemos kineseoterapeuta, técnica
en fisioterapia y terapeuta ocupacional.
"Recibimos
semanalmente a un grupo de médicos que dan consultas:
psicóloga, logopeda, fisiatras... y contamos, además,
con cocinera y auxiliar de cocina, pantrista, almacenero
y administrador.
"El
propósito de todos consiste en mejorar la calidad
de vida de 11 niños que padecen retraso mental de
severo a profundo y sufren discapacidades motoras.
Aunque
muchos no lo crean, sí aprenden; lo primero, a relacionarse
con los demás".
ALGO ESPECIAL
Ya lo observaba Vicky, con palabras del cantautor Silvio
Rodríguez: "solo el amor engendra la maravilla".
Victoria Acosta disfruta su oficio. Se responsabiliza del
equipo de nanas. "Es un trabajo precioso; te enseña
y ayuda a explorar mundos desconocidos.
Nuestros niños no son esos pobrecitos que piensa
la gente, sino unas personitas fabulosas que responden favorablemente
a cuanto hacemos con ellos."Atendemos su higiene completamente.
Se orinan, babean y hacen caca; nosotros los mantenemos
limpios, les damos merienda y almuerzo, practicamos las
habilidades que aprenden como parte del tratamiento. "Lo
hacemos con mucho amor. Todos los días sucede algo
especial.
Una sonrisa de Adriana, al comenzar la jornada, es como
si en ese momento saliera el Sol. Pero aquella vez que Alfre
dio sus primeros pasos fue extraordinario. A algunos se
les saltaron lágrimas de los ojos".
Cuenta
Vicky que las nanas recibieron un seminario sobre las patologías
de esos niños, con nociones de psicología,
sobre cómo tratarlos, técnicas de alimentación
y primeros auxilios, orientado por la psicóloga del
centro.
PEQUEÑOS DETALLES
"Arturito no podía ver a Alfre -relata Aneiros.
Le tenía miedo. Gritaba y se mandaba a correr. En
este momento es de los que más socialización
ha logrado. Eso fue posible con la labor de las nanas y
los técnicos.
"Aquí todos los niños son una maravilla.
Trabajar con ellos es muy lindo. Alfre, por ejemplo, viene
a ser como el subdirector de la clínica: al que llega
tarde le hace una señal mirando el reloj"
.Esta
profesión resulta tremendamente instructiva, asegura
la nana Mariela. "A medida que nos relacionamos con
los muchachos aprendemos cosas nuevas. Me siento muy feliz
de poder llegar a ellos y conocer sus pequeños detalles".
Eva
Margarita Noda se desempeñó antes como auxiliar
pedagógica en un círculo infantil, y confiesa
cuánto placer experimenta con estos chicos.
"Siento
gran admiración por ellos y satisfacción de
que logren cosas mediante nuestra enseñanza. "Idalsi,
la primera niña que yo cuidé, estuvo varios
días sin venir, enferma. Cuando regresó le
dio tanta alegría que me abrazó y llamó
'mi nana'. Eso me llegó al alma. ¿Y Rafael?
Llora el día en que no lo pueden traer a 'su escuelita'.
Teresa, la mamá, pensaba que no se iba a adaptar,
y ahora no se quiere ir. Se pasa el día dando besos.
Dice que yo soy su novia".
RUIDOS, OLORES, TAMAÑOS...
Zaimí Montalvo ha recibido una encomienda decisiva.
"Estas criaturas sufrieron una parálisis cerebral
que les ocasionó como secuela discapacidades motoras
(para caminar)", explica. Corresponde a ella dotarlos
de habilidades mediante ejercicios.
Y entre todos vencen: Alfredito ya camina; Adriana adopta
la posición de gateo y se incorpora desde el banquillo.
La terapeuta ocupacional, Andrea Josefina Guerra, menciona
otros avances: "Logramos que agarren objetos. Adriana
solo empleaba una mano, y ahora usa las dos", afirma
orgullosa.
Pero Fefita, que así la nombran todos, es, además,
la mamá de Alfre. "Tuve que abandonar mi trabajo
en Educación cuando se enfermó, para atenderlo.
Gracias a este centro, he podido reincorporarme laboralmente,
sentirme útil y que mi hijo continúe ganando
habilidades".
Zaimí Montalvo rehabilitando a Alfredito
Norelis Cruz también les brinda amor; Claudina Germán
sus conocimientos en atención de enfermería.
En logopedia se entrena el habla. Las defectólogas
enseñan a diferenciar ruidos, olores, tamaños
de los objetos...
COMO SI FUESEN SUS HIJOS
"Yo hablo en nombre mío y de mi esposo -dice
Marieta Oviedo. Nosotros nos sentimos orgullosos. La dirección
del centro y las nanas muestran tanta dedicación
como si los muchachos fuesen sus hijos, a la hora de la
comida, cuando se hacen pipi o caca. Yo lo aprecio como
madre.
"José
Carlos tiene 17 años. Hace cosas que no lograba antes.
Está muy cariñoso. El otro día estaba
escuchando un casete y me puso el brazo encima como para
bailar. Le pregunté a las nanas y me contestaron
que son cosas que hacen con él.
"Estoy
muy contenta. Le agradecemos mucho al Comandante en Jefe
Fidel Castro y a la Revolución, y al Comandante Ramiro
Valdés por el apoyo para terminar esta obra".
Dunia
Cruz es otra de las madres actualmente dichosas. Como psicóloga
ya tiene donde ubicar a los niños con retraso mental
y discapacidad física severa. Puede dedicarle tiempo
a su profesión, pues a su hija la atienden en la
clínica Ismaelillo.Allí reinan calidad humana
y deseos de hacer, desde el custodio hasta las auxiliares
de limpieza y cocineras. Faltan algunos medios físicos
para completar el tratamiento de los niños; mas,
confía en que con el celo que le ha puesto el Comandante
Ramiro, acabe de ponerse a punto."Estoy a la expectativa.
Adriana
se está saliendo de mi espacio. Ve otros rostros,
come otra comida que no elaboro yo, y se la dan otras manos.
Me ha enseñado que existe un mundo más allá
de las personas que hablan, porque me mira y no me dice
te quiero con palabras... pero me sonríe".