Haití: desesperanza y desposeídos
Escrito por Enrique Torres, Prensa Latina
Puerto
Príncipe -La tragedia acentuada que vive Haití
luego del terremoto se multiplica en los barrios más
pobres de la capital, donde la desesperanza embarga a la mayoría
de sus habitantes, muchos de ellos viviendo casi a la intemperie.
Cuando aquí se habla de pobreza, el primer terruño
que viene a la mente es Cité Soleil, una barriada donde
el sismo también hizo estragos, pero si no causó
daños superiores fue precisamente porque no encontró
a su paso mucho más que echar abajo.
Unas
tres mil personas perdieron la vida allí cuando el
temblor, y se estiman en 15 mil los heridos, a pesar de que
las casas de mampostería no son las que abundan.
Decenas
de casuchas de madera y zinc se desmoronaron, al igual que
otras de paredes de bloque o piedra, y techadas con trozos
de tejas.
En
una de éstas residía Lico Pierre, un haitiano
de 37 años, quien a pesar de la desesperanza en la
que vive, es capaz de posar con una sonrisa en los labios
para mostrarle al mundo el techo que intenta levantar, "que
no le protegerá de fuertes lluvias, pero hará
menos intenso el sol".
El
12 de enero último, fecha del terremoto, habían
pasado sólo unos seis meses del día en que Pierre
concluyó su casita en Cité Soleil, que pensaba
sería para toda la vida, pues confiesa creer que sólo
un milagro le daría una mejor.
Había
acopiado con mucho trabajo los bloques, el cemento y otros
materiales invertidos, priorizados muchas veces por encima
de un mejor bocado.
Allí
solo vivían él y su esposa, y por suerte ambos
estaban fuera del lugar, procurando el pan de cada día.
Ella ayudando a lavar en la casa de otra familia, y él
en su bicicleta, ofreciendo fuerza de trabajo al primer empleador
que encontrara a su paso.
Pierre
estaba muy cerca de Cité Soleil durante los interminables
segundos que duró el sismo. La primera reacción
fue acudir en busca de su compañera, pues en ese momento
no pensó en la recién construida casa.
Unas
dos horas después del sismo, se aventuró a penetrar
en la laberíntica favela, donde aún se podían
sentir desplomes retardados.
En
el área donde estaba su casa no había muchos
derrumbes, los vecinos permanecían asustados y trataban
de proteger sus pocas pertenencias, pero las casuchas eran
las mismas.
Frente
a sus ojos, según recuerda, solo faltaban tres viviendas,
y una era la suya.
Terribles
han sido los días que siguieron al sismo, inmerso en
la disyuntiva de cuidar el espacio que ocupaba la casa y los
materiales, y exponerse a las consecuencias de nuevas réplicas
en aquel entretejido de estructuras endebles, a toda luz vulnerables
a otras sacudidas.
Así
transcurrieron más de tres semanas en la vida de Pierre,
viviendo a la intemperie con su esposa, hasta que decidió
seguir los pasos de muchos de sus vecinos, quienes se mudaron
a un solar yermo en Cité Soleil.
Allí
levantaba su nuevo techo mientras contaba esta historia a
Prensa Latina, utilizando palos desnutridos y pedazos de nylon,
consciente de que esa armazón poco podrá hacer
para proteger al matrimonio de la venidera temporada de lluvias,
pero a su alcance no hay mucho que pueda hacer.
"Todos
estamos igual, mire usted a su espalda, todas las familias
solo tienen esas casas, aquí no han traído casas
de campaña", comentó Pierre,
Entre
las ruinas, logró rescatar el bastidor, el colchón,
algunas sábanas y unos pocos implementos de cocina.
Su
bicicleta, un saco con artículos de diferente tipo
recuperados en la basura, una carretilla y un viejo maletín
con ropas raídas completan todos sus bienes.
"Y
no tenemos nada que comer, no hay trabajo, no tenemos dinero
para comprar nada, y aquí no llega comida, agua algunas
veces, pero comida muy poca", señaló.
Las
anomalías en la distribución de las ayudas sigue
siendo un tema preocupante en el país, sin embargo,
en el caso de Cité Soleil sus efectos negativos se
regeneran, y pueden conllevar a una espiral mayor de violencia
en la ya convulsa barriada, donde se estima residen unas 300
mil personas.
Doce
días después del terremoto fue que sus pobladores
recibieron las primeras cargas de alimentos, repartidas a
punta de fusil por las fuerzas de la ONU y otros contingentes
militares que operan en el país.
La
violencia que ha imperado históricamente en la barriada
podría ser mayor en tiempos de sismo y carencias acentuadas,
si se tiene en cuenta que una buena parte de los presos que
escaparon al destruirse la cárcel eran de Cité
Soleil, y según las autoridades retornaron a su lugar
de origen.
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