Un
sueño que la cárcel no pudo destruir
Guanajay, La Habana-Cuba- En una pequeña colina desde
la que se divisa el entorno guanajayense, se terminó
de construir en 1948, durante el gobierno de Ramón
Grau San Martín, el Reclusorio Nacional para Mujeres,
que contó desde su inauguración con una celda
ubicada en los bajos del llamado Bloque A, destinada a presas
políticas.
Guardó
prisión allí, por seis meses, la luchadora
Eva Jiménez Ruiz debido a su participación
en una conspiración que dirigió en abril de
1953 el doctor Rafael García Bárcenas y que
concluyó con el fracasado intento de tomar el campamento
militar de Columbia.
A
esa celda fueron destinadas a partir del 13 de octubre de
1953, Melba Hernández y Haydée Santamaría,
sancionadas a siete meses de prisión en la causa
No. 37/53 que el Tribunal de Urgencias de Santiago de Cuba
instruyó contra los asaltantes al Cuartel Moncada.
Después
de vivir interminables y crueles horas en el Moncada, donde
fueron testigos del ensañamiento de los torturadores
con sus nobles compañeros de lucha, las trasladaron
al Vivac y posteriormente a la cárcel provincial
para hombres, de Boniato, hasta la terminación del
juicio.
Por
vía aérea fueron traídas junto a otros
compañeros hacia el campamento de Columbia, y conducidas
luego por carretera hasta Guanajay.
El
Reclusorio contaba con cuatro bloques de dos plantas cada
uno para el alojamiento de las presas, y la celda construida
para las prisioneras políticas poseía las
condiciones necesarias para mantenerlas aisladas del resto
de las reclusas, incluyendo un baño y una pequeña
cocina.
Sin
embargo, el pretendido aislamiento fue burlado por Melba
y Haydée, quienes se comunicaban con el resto a través
de las ventanas de su celda. Allí contemplaron con
tristeza que algunas prisioneras tenían hijos pequeños,
nacidos dentro del penal,los cuales ignoraban que más
allá de aquellas paredes existía un mundo
diferente.
Fueron
visitadas por la directora del Reclusorio, la doctora Carmelina
Guanche, a quien Melba recuerda como una vieja luchadora
anti-machadista, endurecida por la pérdida de su
compañero en el fragor de aquellas luchas estudiantiles.
Las trató respetuosamente y conversó con ellas
un buen rato.
Esa
visita, sin embargo, no pudo repetirse, pues según
supieron después Haydée y Melba, la doctora
Guanche fue llamada al Ministerio de Gobernación
en La Habana, donde se le exigió una explicación
por su deferente actitud hacia las heroínas del Moncada.
En
la pequeña cocina, Yeyé preparaba los alimentos
que consumían y que les eran suministrados por los
padres de ambas y, posteriormente, por los simpatizantes
y revolucionarios de Guanajay. De la comida del penal sólo
consumían una deliciosa harina de maíz que
cada jueves les preparaba Ramona Hernández, cocinera
del Reclusorio, con quién las jóvenes mantuvieron
una estrecha relación. Ramona maduró políticamente
en aquellos encuentros que le permitieron conocer la esencia
de la lucha contra Batista.
El
resto del mobiliario de la celda lo componían las
dos camas personales, un pequeño sillón y
una mesa. Según recuerda Melba, desde el atardecer
colocaban los mosquiteros en las camas y se acostaban temprano
para evitar la molesta presencia de las ranas.
Las
visitas solo podían ser de sus familiares y venían
con más frecuencia los padres de Melba, que residían
en La Habana. Les permitían tener algunos libros,
y a partir del 27 de noviembre de 1953 fueron autorizadas
a recibir un radio marca Sylvania; la fecha la recordaban
con precisión porque ese día oyeron la noticia
del asesinato de Mario Fortuny, perpetrado por los sicarios
del SIM.
Conmovidas
por la existencia de los pequeños prisioneros solicitaron
a Pastorita Núñez algunos juguetes que alegraran
a los niños y se los obsequiaron el 6 de enero de
1954. El asombro fue mayor que la alegría, pues era
la primera vez que veían un juguete. La periodista
Marta Rojas logró obtener testimonio gráfico
de aquel gesto de las combatientes, a la vez que dejaba
constancia en la prensa de su presencia en la cárcel.
Una
vez extinguida su sanción salieron del Reclusorio
el 20 de febrero de 1954. Su paso por este lugar estuvo
marcado por la total hermandad y compenetración en
que vivieron. Su profunda amistad, que solo la muerte de
Haydée pudo interrumpir, ya se había formado
en los preparativos y el fragor de la lucha, se hizo fuerte
e indestructible en los días tristes y amargos que
sucedieron al Moncada, y se acrisoló en los meses
de recuento, reflexión y unidad de criterios que
vivieron en prisión.
Fueron
esperadas por amigos, familiares y un grupo de jóvenes
revolucionarios guanajayenses, entre los que se encontraban
Pedro Esperón, Evelio Prieto y Ángel Eros,
futuros atacantes al Palacio Presidencial.
En
1983 se decidió crear allí una pequeña
sala- museo que perpetuara para las nuevas generaciones
la permanencia, durante cuatro meses y ocho días,
de las dos mujeres que hicieron cierta la participación
femenina en la Generación del Centenario. Fue inaugurada
el 21 de julio de 1983, con la presencia de la doctora Melba
Hernández.
A
52 años de su salida del presidio, Guanajay tiene
entre sus más preciados patrimonios históricos,
la pequeña Celda-Museo que guarda un pedazo imprescindible
de la historia de Cuba. Desde allí dos jóvenes
heroínas soñaron para los niños cubanos
mucho más que juguetes, concibieron un país
digno y justo y salieron a conquistarlo en la Sierra y en
el llano.
Rebeca Figueredo (historiadora de Guanajay) (20/02/2007
11:30 hora local.)