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Los
ciclones y su historia
La historia de los ciclones y huracanes se remonta a un pasado
muy lejano, que nuestros primeros habitantes no podían
descifrar. Ellos fueron quienes alertaron a los colonizadores
españoles de los riesgos que corrían con estos
fenómenos de la naturaleza.
En
aquellos primeros siglos de explotación colonial muy
poco se conocía sobre la ciencia dedicada al estudio
de los huracanes y el origen de estos. Como antecedente solo
se sabía de la existencia de los tifones en los mares
de la lejana Asia.
Primeros
intentos de estudio.
En
1855 Andrés Poey, eminente científico cubano,
fundó el primer observatorio meteorológico en
Cuba que duraría hasta 1869, cuando fue cerrado por
la metrópoli luego de conocer que su promotor había
abrasado el ideario independentista.
En 1858 los Jesuitas crearon uno anexo al colegio de Belén,
ubicándose al frente del mismo, muchos años
después, el padre Viñas, pionero en la investigación
de los huracanes en Cuba.
El investigador realizaría los primeros estudios que
se fundamentaban en el método de la observación
para lo cual recorre grandes distancias tras el paso de los
huracanes y ciclones por la Isla.
Sus anotaciones y estudios permitieron crear tesis y comprobar
estas sobre el comportamiento de los fenómenos atmosféricos
en el área del Caribe.
Estos primeros centros darían una información
limitada sobre la formación, desarrollo y trayectoria
de estos eventos que en la mayoría de los casos no
llegaba a territorios tan apartados como Pinar del Río.
Vueltabajo por su posición geográfica es una
de las regiones del archipiélago que más ha
sufrido el azote de ciclones, dejando una estela de daños
irreparables durante siglos y la perdida de numerosas vidas
humanas.
Los huracanes son el fenómeno natural que mayor cantidad
de vidas humanas ha cobrado en Pinar del Río, a ello
se une la destrucción de la economía, las viviendas
así como la flora y la fauna.
Colonia
+ huracán = Muerte.
Durante
el periodo colonial la economía fue severamente castigada
por el paso de los ciclones. Se recuerda aún el meteoro
del año 1848, que provocó la división
del cauce del río Cuyaguateje, el mayor y más
caudaloso del occidente cubano.
El desastre arrasó casas de viviendas y de tabaco al
trazar otra vía junto al lecho principal del río.
Las estadísticas del huracán de octubre de 1882
que azotó al territorio, reflejan considerables daños,
unos 40 muertos, 7600 viviendas destruidas y otra gran parte
afectadas, 13 663 casas de tabaco derrumbadas totalmente,
21 508 animales muertos, junto a la pérdida de todas
las semillas de tabaco.
Las mayores afectaciones fueron para los municipios de Pinar
del Río, Consolación del Sur, Alonso de Rojas,
Bahía Honda, Consolación del Norte, San Juan
y Martínez, Viñales, San Luis, Guane, Baja,
San Diego de Núñez, Santa Cruz de los Pinos
y San Diego de los Baños.
Los estudios hechos por las autoridades coloniales en la segunda
mitad del siglo XIX demuestra los estragos causados por los
fenómenos meteorológicos los que sepultaron
en la miseria a los campesinos de la zona.
Reiterados fenómenos como este dejaron a su paso una
estela de destrucción para los vueltabajeros, entre
ellos el ciclón de diciembre de 1894 tuvo la suficiente
fuerza para devastar el ferrocarril de Viñales a San
Cayetano y Puerto Esperanza.
Huellas
en la memoria.
El
siglo XX fue muy activo para la formación de huracanes
en el Mar Caribe, constituyendo el extremo occidental de Pinar
del Río el sitio de mayor preferencia para el tránsito
de estos fenómenos.
Así quedó reflejado en octubre de 1910 al paso
del conocido huracán de los cinco días.
En lugares apartados como el Cabo de San Antonio los vecinos
para sobrevivir se protegieron en el Faro Roncali, al igual
que los sobrevivientes del naufragio de una embarcación
extranjera.
Dramáticos fueron además los de 1917, 1918,
1924 y 1944 todos con grandes estragos a la economía
y pérdidas de vidas humanas.
En la mayor parte de los casos los habitantes se enteraban
de la presencia de un ciclón cuando sentían
sus embates como resultado de la falta de información
existente. Por ello aprendieron en muchos casos a determinar
la presencia de estos y a disponer las medidas para salvar
la vida de sus familias.
La población vueltabajera mayoritariamente campesina
fue obligada por las circunstancias a forjar su propia cultura
ante los fenómenos atmosféricos.
La furia de los vientos, crecidas de los ríos y la
penetración del mar dejaban un panorama de terror aún
mayor, porque durante la colonia y la neocolonia el estado
no se preocupaba por las personas que habían perdido
sus casas, cosechas y demás bienes
Revolución
contra ciclón.
Desde
los primeros momentos del triunfo revolucionario en enero
de 1959, se iniciaría un trabajo para informar y educar
al pueblo sobre el peligro que representan los huracanes,
tomándose todas las medidas para proteger la vida de
los ciudadanos y preservar los recursos económicos.
Con este fin se crea el Instituto Nacional de Meteorología
y sus centros en cada provincia. A la vez se ubican en diferentes
zonas de la geografía cubana una red de radares meteorológicos
para el seguimiento y pronóstico de la posible trayectoria
de estos fenómenos naturales.
Hoy los meteorólogos cubanos se auxilian para emitir
sus pronósticos de las más modernas tecnologías
recibiendo información del centro de Miami y vía
satélite de otras regiones de Centroamérica
y el Caribe.
Si el siglo XX fue pródigo en huracanes, el nuevo milenio
no se queda atrás al dejar en solo cuatro años
considerables daños a la economía vueltabajera
con el paso de Isidore el 20 de septiembre de 2002 y Lily
en octubre de ese mismo año.
Otros dos inquilinos indeseables afectaron el pasado año
a la provincia, coincidentemente Charley e Iván visitaron
el extremo occidental de la Isla el 13 de agosto y septiembre
respectivamente.
En 2005 los especialistas pronostican la formación
de varios huracanes en la región caribeña y
los mares adyacentes con grandes posibilidades de que al menos
uno nos haga la visita, esperemos que se arrepienta por el
camino.
Pronostican una activa temporada ciclónica.
Los huracanes que afectan los territorios caribeños,
así como el sur de la Florida nacen en las aguas tropicales
del Océano Atlántico, el Mar Caribe y Golfo
de México. Cuba, por su posición geográfica
es blanco frecuente de estos fenómenos y en ella Pinar
del Río, situado en la zona más occidental del
país.
Una investigación del especialista Ernesto Castaño
del Centro meteorológico provincial da cuenta que desde
1900 hasta la fecha Vueltabajo fue visitado por 131 ciclones
tropicales, de los cuales 87 se convirtieron en huracanes.
El último de ellos fue Iván con categoría
cinco en la escala Safir- Simpson y que dejó grandes
secuelas sobre todo en viviendas y el medio ambiente de la
zona más occidental de la provincia.
El término "huracán" tiene su origen
en el nombre que los indios mayas y caribes daban al dios
de las tormentas, pero este mismo fenómeno meteorológico
es conocido en la India con el nombre de "ciclón",
en las Filipinas se le denomina "baguio", en el
oeste del Pacífico norte se le llama "tifón",
y en Australia "Willy-Willy". Estos términos
identifican un mismo fenómeno meteorológico.
En los inicios de la actual temporada los expertos del Centro
Nacional de pronósticos del Instituto de Meteorología
vaticinan una actividad ciclónica activa, con la formación
de 13 ciclones tropicales, 7 de los cuales alcanzarán
la categoría de huracán.
El especialista Juan Miguel Díaz Díaz, jefe
del departamento de pronósticos del centro meteorológico
provincial asegura que de acuerdo al pronóstico sobre
el área oceánica deben desarrollarse 9 ciclones
tropicales, dos lo harán en el caribe al igual que
el Golfo de México.
“El riesgo de que Cuba sea afectada por un huracán
es alto, con una probabilidad del 75 por ciento”, afirma
el experto.
La temporada de huracanes trae consigo la furia de la naturaleza,
una combinación de vientos poderosos, oleaje y lluvias
torrenciales que suelen dejar todos los años sus huellas
en la zona del Caribe, el Golfo de México e incluso
más al norte por la costa este de Estados Unidos.
Los que habitan el occidente del país, no alarmados
pero sí alertas, se mantienen atentos desde el Primero
de junio y hasta el 30 de noviembre a los partes del instituto
de meteorología y a las orientaciones de la Defensa
Civil.
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