La parroquia fue erigida en 1689 por disposición del
obispo Diego Evelio de Compostela, bajo la advocación
de San Hilarón Abad, patrono del pueblo, cuyas fiestas
se celebran el 21 de octubre. Estuvo emplazada en lo que hoy
es el parque central de la localidad, bajo cuyo suelo descansan
los restos de antiguos pobladores.
La
economía de estos primeros años se basó
en la cría de ganado y cultivos menores, la industria
azucarera en la segunda mitad del siglo XVIII y la posterior
introducción del café, produjo un ascenso que
situó a Guanajay en los primeros planos de la economía
colonial.
Esta
bonanza económica se traduce en el crecimiento del
pueblo cuya arquitectura se enriquece con espaciosas casas
coloniales. Rodean el lugar hasta trece ingenios que impresionan
al novelista Cirilo Villaverde, según lo describe en
su "Excursión a Vuelta Abajo" publicada en
1838.
El
poderío y la influencia de las principales familias
descritas por Villaverde en su obra no admite dudas. Una de
ellas, la de los Candes de Jibacoa,la cual recibió
en Guanajay en 1798 al Duque de Orleáns, quien reinaría
posteriormente en Francia como Luis Felipe I y sus hermanos
el Duque de Montpensier y el conde de Beaujolais, en cuyo
honor se celebraban fastuosas fiestas.
En
las primeras décadas del siglo XIX, Guanajay conoce
un importante auge de su vida espiritual, que le ganará
el sobrenombre de "Atenas de Occidente".
En esta villa surgen prestigiosos educadores de destacadísima
trayectoria, reconocidos por la Orden de Isabel la Católica
estregada por Alfonso XIII en 1883.
Nacen
en este siglo en Guanajay personalidades literarias de la
talla de José Victoriano Betancourt, escritor costumbrista
y primer cubano en obtener en su tierra, el título
de Licenciado en Leyes; Joaquín Nicolás Aramburu,
escritor y periodista; Vicente Silveira Arjona, poeta de pura
sensibilidad, autor de "Flores y Espinas"merecedora
de elogiosa crítica de José Martí.
Múltiples
periódicos surgieron en el pasado siglo donde escribieron
las más autorizadas plumas de la localidad.
Un
nuevo temple se construye en 1826; el arribo del ferrocarril
en 1849; la adopción del telégrafo en 1872 y
del teléfono en 1888 hablan de la prosperidad de Guanajay
en el siglo XIX. Por estos motivos se le confiere el título
de villa el 18 de diciembre de 1862.
El
siglo XX será testigo de un crecimiento urbano que
dotará a Guanajay de mover barrios y se instalan nuevos
talleres y fábricas dedicadas a la producción
de cigarros, calzados y sogas.
El
arte también encuentra lugar propicio en Guanajay.
La localidad se enorgullece de ser la patria chica de María
Teresa Vera, una de las más grandes trovadoras cubanas
y autora de infinidad de canciones que integran el más
selecto repertorio musical del país; además
de ser la cuna de la soprano Paula Manuel Regal y del pintor
Avelino Pérez Urriola, que aunque nacido en el Mariel,
escogió la localidad como lugar de residencia y lo
reflejó en su arte.
En
la actualidad Guanajay cuenta con Museos, Biblioteca, Casa
de Cultura, Galería de Arte, Cine y Teatro. Y una amplia
red de 23 centros de todos los tipos de enseñanza,
incluyendo la especial con escuelas para niños con
retraso mental y para niños sordos e hipoacústicos,
a las que se suman dos politécnicos.
En
Salud Pública se brinda asistencia, en un hospital
general con 156 camas, un policlínico, una clínica
estomatológica y seis sillones en escuelas y centros
de trabajo, un hogar materno, la casa de abuelos y varias
farmacias.
La
base económica territorial, descansa en el cultivo
de la caña de azúcar además de poseer
industrias de relativa fuerza.
Este
es el Guanajay actual, un pueblo que ama y conoce su historia,
con un antiguo teatro, cuya fachada reproduce la del teatro
de la Opera de Verna, su antigua colonia española,
símbolo de una identidad presente en sus fastuosos
salones, su histórica esquina del Niágara a
donde acudían los viajeros en el pasado siglo, tras
su obligado paso por las calles de los carros... Ese mismo
Guanajay tejido por 19 puentes para facilitar el paso sobre
el río Capellanías y el arroyo Gíbaro
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