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Martí
renace cada día en las sonrisas de los niños
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Con
la alborada de este 28 de enero, el alma de nuestro Apóstol
crece en nobleza y espíritu renovador en el corazón
de cada cubano, para marcar en el almanaque de la historia
el Aniversario 157 del natalicio de quien Fidel consideró
el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada.
Sin lugar a duda, la obra de nuestro Héroe
Nacional renace en cada enero. Ejemplos sobran. Él
proclamó con sabiduría: Con todos y para
el bien de todos. ¿No es esa la acción que
reclama el momento ante el asedio enemigo para expandir
su poderío por el orbe? |
Dijo
Martí: Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte
echar. ¿No se proyecta nuestra nación para ayudar
a quienes lo necesitan en el mundo, como hacen los médicos
y especialistas de la salud que hoy arrebatan cientos de vidas
de las garras de muerte en el empobrecido país?
Es
tan palpable el pensamiento martiano que resulta imposible
apartarlo de la obra que construimos. Los pueblos pobres de
América, esa que Martí llamó una sola
del Bravo a la Patagonia, se sacuden el polvo y el dolor que
les impuso la mano verduga y acaparadora para hacer prevalecer
sus criterios.
Martí renace renovador cada día en las miles
de sonrisas de los niños felices que asisten gratuitamente
a las escuelas en este verde caimán, en los jóvenes
que ensanchan corazones por doquier para ser útiles
a la Patria y en los adultos que levantan enérgicos
sus ideas como fusiles, para no claudicar.
El Apóstol de la Independencia de Cuba, con su mirada
cautelosa y valiente, vino al mundo en la calle Paula el 28
de enero de 1853, para bendecir con su mente y verbo pródigos
a los que habitamos en esta isla, que se enorgullece de abrigar
en su pecho bravío al más universal de sus hijos.
Por
José Luis Guía
(29/01/10 10:30 a.m. hora local)
email: guia@cmad.icrt.cu
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