Saldar
nuestra deuda con la humanidad
Hace
ventitrés años cumplí misión internacionalista
en la hermana República Popular de Angola. Constaté
allí los horrores de la guerra. Asesinatos de niños,
mujeres y ancianos a mansalva por las tropas genocidas de
Jonas Savimbi.
Cuando
este jueves asistí a la premier de la película
Kangamba, del realizador Rogelio París, comprendí
en toda su dimensión la opinión de nuestro Comandante
en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando en sus reflexiones del pasado
30 de septiembre dijo: " Kangamba es de los filmes más
serios y dramáticos que vi nunca. Las cosas ocurridas
en aquel campo de batalla, en que nuestros compatriotas, junto
a los angolanos, realizaron aquella proeza fueron realmente
conmovedoras", dice el líder de la Revolución
cubana.
Duele
el corazón al ver cómo esas bestias masacraron
a comunidades completas, sin el más mínimo sentimiento,
su ley era matar y matar, porque el poder había que
obtenerlo de cualquier forma.
No
me avergüenza confesar que en más de una ocasión,
mientras contemplaba la película los ojos se me humedecieron,
a mi mente llegaron también como en una cinta cinematográfica
los pequeños angolanos descalzos, los ancianos medio
desnudos; vi a un pueblo solidario, educado pasar por una
guerra cruel que los mantuvo durante varios años en
zozobra.
Pero
como la esperanza alienta la vida sabemos que la sangre cubana
y angolana no fue en vano. A veces la cuota que debemos pagar
por lograr un objetivo es alto, pero cuando se tiene la certeza
de que la causa es justa, entregamos a la misma lo necesario.
Estoy
segura que muchos cubanos como esta periodista, cuando disfruten
de la película Kangamba, se trasladarán hacia
el lugar donde un grupo de los nuestros en unión de
hijos de esa tierra, enfrentaron a las fuerzas contrarrevolucionarias
y vencieron por el valor, la dignidad y la entereza; por la
solidaridad y por nuestro deber de saldar nuestra deuda con
la humanidad.
Por
Ofelia Robainas (3/10/08 10:00 a.m.
hora local)
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