Una mirada al SIDA desde los afectos
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Es
verdad que los números aumentan si de contagiados
con el virus del Síndrome de Inmunodeficiencia
Adquirida (VIH) SIDA hablamos, sin embargo convencida
estoy que cada día los cubanos conocemos más
de prevención, terapias curativas, prolongación
de la enfermedad, comportamientos sexuales adecuados y
conductas de riesgo a las que nos sometemos en la cotidianidad.
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No
es ajeno hablar del uso del condón como uno de los
más idóneos amigos en las relaciones sexuales
y de la fidelidad entre la pareja, como métodos para
evitar el contagio de las enfermedades de transmisión
sexual. Sin embargo la realidad impone visualizar aristas
superficiales en la responsabilidad de los seres humanos,
que en la mayoría de las ocasiones, se creen invulnerables
al contagio.
Cada
jornada del siglo XXI, impone actuar de forma conciente y
mirar hacia el SIDA, como una problemática de salud
que nos afecta a todos sin particularizar en los enfermos.
En
los inicios se hablaba de una patología de los homosexuales,
pues los primeros casos conocidos tenían esa orientación
sexual. En la actualidad prevalece en los hombres que tienen
sexo con hombres (HSH), aunque se ramifica a otros sectores
de la sociedad.
Es
cierto que el carácter de pandemia hace que se le tenga
un poco de “respeto”, y el diagnóstico
sea una de las peores noticias que viven los seres humanos,
pero se hace imprescindible que se les haga llegar el apoyo
incondicional y la mano amiga que les ayuda a vivir con la
enfermedad.
Común
se hace que las personas se alejen de quienes viven con SIDA.
En la familia aumenta el nivel de hostilidad, la presión,
la culpa y los sentimientos de remordimientos por el camino
inadecuado. Muchos optan por la lástima como recurso
para encontrarse a salvo con su conciencia. Existen quienes
pierden la familia, los amigos, la pareja, los compañeros
y se desenvuelven en un entorno totalmente dramático.
Nada
ayuda este comportamiento de quienes fuera del SIDA, no son
capaces de ver cuánto ayuda una sonrisa para iniciar
una vida, o continuar la misma con algunas atenuantes pero
iguales posibilidades para ser felices.
La
reflexión oportuna está en mirar detrás
del enfermo a un ser humano que con ese padecimiento u otro,
es capaz de tener nobles sentimientos, aportar sus conocimientos
y comportarse como ente activo en la sociedad. El SIDA es
un virus que actúa en las defensas del organismo pero
no limita los sentimientos ni el sentido conciente de poder
mirar hacia el futuro que continúa siendo infinito.
No
perdamos la oportunidad de ayudarles a encontrar la felicidad
en este mundo que no les pone frenos a su interior y demanda
sobre todo mayores satisfacciones espirituales, en función
de la salud integral. Miremos a quien se contagió desde
los afectos.
Por Yudaisis Moreno Benítez
(01/12/09 10:30 a.m. hora local)
email: yudaisis@cmad.icrt.cu
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